
Después de un minuto -me hubiese quedado allí, así, el resto del día- retomé mi ritmo, activé la cámara y me puse a disparar. Ella ya no extrañaba mi presencia tanto, tampoco se había acostrumbrado pero sabía que yo no era el típico turista energúmeno y NeoTroll que no la deja en paz. Disparé unas 50 fotos seguidas, sabía que ya tenía la toma pero me resistía a abandonar aquel hermoso lugar y como llevado por un impulso infinito no pude dejar de apretar el botón, y apretar, y apretar... y cuando vi que ya estaba bien me despedí de esta vaca, ella estaba tranquila, respiré por última vez profundamente y estirándome busqué con la mirada a mi mujer y mis hijos... fueron los 3 minutos más intensos quizás de todo agosto. Quiero volver.